
Hoy os traigo un recuerdo imaginado, pero posible. El retrato de una antepasada que no aparece en los libros, pero que quizá nos habita en la forma en que miramos, en la manera en que resolvemos, en la intuición que nos empuja.
Ella es Ukla. Y si nunca habíais oído hablar de ella, no os preocupéis. Hasta ahora, nadie lo había hecho.
Pero creedme: Ukla merece ser recordada.
En esta ruta que hacemos por las ramas profundas de nuestro árbol de la vida, a veces hace falta mirar más atrás. Mucho más atrás. A ese tiempo donde no había libros, ni relojes, ni mapas… solo cielos abiertos, piedras cálidas al sol y un corazón curioso latiendo dentro de una cueva. En mi imaginación, viajé a una época remota en la que las personas vivían en cuevas y cazaban mamuts —animales parecidos a los elefantes, pero mucho más grandes y peludos.
Allí encontré a una de nuestras antepasadas más antiguas. No sabemos su verdadero nombre, porque en aquel tiempo aún no se hablaba como ahora.
Pero yo la he llamado Ukla.
Ukla era una troglodita —es decir, alguien que vivía en una cueva—, pero no era cualquier troglodita: ¡era creativa, observadora y muy inteligente!
Os la he dibujado, ¿qué os parece? A mí me resulta muy simpática e ingeniosa.
Decoró su cueva con pinturas que ella misma dibujó. Imaginad las paredes cubiertas de figuras de animales, escenas de caza y dibujos de su vida diaria.
¡Era toda una artista de su tiempo! He escrito algunas de sus aventuras… y quizás, algún día, pueda compartíroslas todas.
¿Sabíais, por ejemplo, que Ukla inventó la rueda?
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🌀 La invención de la rueda
La inspiración le llegó de la forma más inesperada. Un día, mientras observaba el suelo, vio un pequeño escarabajo verde empujando su comida en forma de bolita.
Ukla se quedó fascinada. ¿Cómo podía algo tan pequeño mover cosas tan pesadas con tanta facilidad?
Pensó, algo enfadada:
—¿Cómo es posible que nadie en la tribu haya pensado en esto antes?
Entonces comenzó a experimentar. Buscó piedras redondeadas en una cantera cercana, donde trabajaba su tío Tuk fabricando menhires. En aquella época se producían muchos menhires, no solo con fines rituales o religiosos, sino también como elementos decorativos en las entradas de las cuevas.
Una vez seleccionadas las piedras adecuadas, las redondeó y perforó con cuidado para crear esferas similares a las del escarabajo. Luego, fabricó un eje con una rama que encontró junto al camino y lo unió con dos lianas de esparto a una tabla que su padre utilizaba como banco de trabajo. Debo deciros que al papá de Ukla aquello no le hizo mucha gracia.
Pero gracias a su ingenioso invento, su madre —que era una excelente cazadora— pudo transportar sus presas sin cargar tanto peso.

Y así, sin saberlo, nació el primer carro con ruedas de la historia. ¡El invento de Ukla fue una auténtica revolución para su época!
🌿 La historia de Ukla nos recuerda algo muy importante:
Aunque nuestras raíces sean humildes, todas tenemos algo valioso que aportar. Cada persona ocupa un lugar único en esta gran cadena de la vida.




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